Un CMS o gestor de contenidos, como WordPress, Joomla o Drupal, permite editar una web sin programar. Su núcleo, temas y plugins necesitan actualizaciones periódicas.
Las instalaciones de CMS desactualizadas son la vía más habitual para hackear webs. Actualiza primero en una copia de pruebas, con una copia de seguridad reciente y un plan de vuelta atrás; después revisa formularios, pagos e integraciones.
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